Sábado 13 de Marzo de 1999
-Hoy
he hablado con Carlos, y voy a quedar con él por la tarde. Quedamos
en mi piso, así que supongo que veremos una peli y después fijo que
querrá tal… Pero bueno… Con él la verdad, que si quiero
hacerlo…
Carlos
era un chico al que había conocido en los carnavales de su pueblo,
Hacía escasamente un mes. Y si, como podréis haber visto, ya lo
había hecho con él. Pero no la juzguéis tan pronto. Era el primer
tío con el que lo hacia, después de su ex. Y eso había sido hacía
tres años. ¿Tres años? Te preguntarás. Si, pero había un motivo.
La
primera vez que ella lo había echo, lo había pasado muy mal. Su
supuesto novio, que además solo veía de muy de vez en cuando porque
él vivía en otra provincia, y solo se veían en las vacaciones de
verano y Semana Santa; sabía que ella solo iba hacerlo con él, si
sabía que la quería, ella era lo único que pedía, un poco de
amor, y que como era su primera vez, que pudiera recordarlo siempre,
porque hubiese sido especial… Especial no habría sido, pero
recordarlo, recordará ese día como si hubiese sido ayer…
Habían
quedado en su casa, junto con unos amigos de él, que además,
estaban en la habitación de al lado. Eso ya no le gustó mucho…
Ella
estaba súper nerviosa, tanto que no se podía ni mover. Ella solo se
dejaba hacer… Y eso a él no le motivaba demasiado. Tan poco le
motivaba, que se puso de morros…Ella tímida y temerosa, porque
vaticinaba su respuesta, le pregunto:
-¿Ya
has estado con más vírgenes?
-Sí.
-¿Eran
más lanzadas que yo?
-Sí.
Pocos
minutos más tarde, viendo que él se había dado la vuelta…
-¿Por
qué resoplas? ¿Qué te estas estresando?
-Sí.
(Le dijo secamente, sin mirarla a los ojos)
Pero
ese sí, tenía mucho más significado que cualquier otro sí. Su
tono, su cara de desprecio… Ella se dio la vuelta muy triste y le
empezaron a caer las lágrimas.
-Toc,
toc. ¿Se puede? Enrique, vete a buscar a Manu a la estación, que
acaba de llegar.
-Vale
ya voy.
Mientras
se vestía, él hablaba con ella sin mirarla, y sin preguntarle nada.
-Voy
a buscar a Manu a la estación.
-Te
espero aquí. ¿Vale? Cuando llegues vienes conmigo que voy a ponerme
los auriculares para escuchar un poco música.
-Vale.
Hasta ahora.
Ella
cogió su mp4 y se puso los auriculares. Siempre tenía la música
con ella. No podía dejar de escucharla. Para ella no escuchar música
a lo largo del día, era lo mismo que para un fumador, no poder echar
el cigarro de “después”. Además, se le daba bien la música,
llevaba unos cuantos años tocando el saxo. Y además tenía otros
muchos instrumentos que su padre le había comprado. Ser músico
venia de familia. El ritmo corría por sus venas.
Al
cabo de quince minutos apareció por la puerta, muy enfadado.
-¿No
me escuchas, o qué?
Ve
que ella se quita un casco.
-Claro
ya estas con los putos auriculares otra vez, ¿no? Hace un rato que
te llevo llamando. Vístete, y vente con todos para la salita que
estamos jugando al monopoly.
Cogió,
y cerró la puerta sin mirarla. Tras de si, ella se incorporaba,
mientras las lágrimas resbalaban por sus sonrojadas mejillas.
Más
tarde, salieron a dar una vuelta. Ella intentaba ponerse a su lado,
pero él hacía caso omiso a que estaba allí, y seguía hablando con
su amigo Manu. Pero sus otros amigos, la llamaron para que fuese con
ellos.
-Los
acabo de conocer, y son mas buenos ellos conmigo que mi novio...
Al
día siguiente, fueron a los recreativos, ella llevo a dos amigas, y
él a su amigo Manu. Todo fue mas o menos bien… Solo hubo un
detalle que no le gustó nada, y era que una de sus amigas, no paraba
de dejarla en ridículo, quedándose con ella y dándole la razón a
Enrique…Ella se llamaba Margot, y no había otra cosa más que le
gustase, que hacerla quedar siempre en ridículo, y si era delante de
tíos, aún más. Lo que Ella tenía, pero no Margot, era
inteligencia. Pero eso a Margot no le importaba. Lo único que miraba
ella era su físico, más exactamente su culo y sus tetas, las cuales
aún teniendo una 95, se ponía relleno, y siempre las llevaba tan
altas y destapadas, que asustarían al mismísimo Cuagmire. Se podría
decir, que rozaba los límites de la estupidez. Pero un día se
confirmó que ya no la rozaba. Todo lo que Margot tenía y decía,
era lo mejor, no soportaba que ninguna se creyese mejor que Ella, ni
que no le prestasen la suficiente atención, ella tenía que ser el
centro del mundo. Tenía una amiga, la cual había estado muy
enferma, y todos le preguntaban qué tal estaba y se preocupaban de
ella. Eso a Margot no le gustaba, y un día, de buenas a primeras,
se le ocurrió una idea…
-Margot,
hija, llevas unos días muy rara, y estas comiendo demasiado. ¿Te
ocurre algo?
Margot
posó la cuchara, miró a su madre muy seria y dijo.
-Mamá,
quiero tener principios de bulimia.