Viernes 12 de Marzo de 1999
-Hasta que comprendí, el porqué de lo que pasaba.
Esas fueron las únicas palabras que vinieron a su mente en ese momento. Nunca había comprendido por qué alguien joven, y con un futuro por delante, de la noche a la mañana, se había suicidado.
Siempre pensó que suicidarse era de cobardes, que quienes lo hacían, no se daban cuenta de que la vida no tenía porque ser tan horrible, ya que con 18 años, no todo es tan fácil, pero es un bache que hay que pasar, y que por muy difícil que sea, tampoco es para llegar al extremo de quitarse la vida…
-Eso era lo que yo creía… Hasta hoy.
Comprendió, que quienes prefieren morir, antes que luchar, no es por ser cobardes, es porque, como ella había pensado, no merece la pena seguir vivo. Simplemente te cansas de todo. Ves que no importas a nadie, que lo único que recibes son reproches, que no haces nada bien, ni familia ni amigos…Si además añades, que no tienes a nadie a quien querer, saber que no puedes formar una familia por tu parte; sabiendo que si te vas, aunque lloren por ti en el funeral, en un año, o incluso menos, se habrán olvidado de ti, porque ellos seguirán sus vidas como si no hubiese pasado nada. Con lo cual, da igual que estés vivo o muerto. El río seguirá su cauce. No eres especial para nada, sabes que otro puede ser mejor que tu en todo lo que hagas.
-Por tanto, ¿Para qué existo?
Esas palabras habían resonado miles de veces en su cabeza, durante mucho tiempo.
-Vine al mundo por obligación, yo no lo elegí. Por lo que tampoco, tienen derecho a decirme que viva. Es mi vida, y puedo hacer lo que quiera con ella.
Si lo único que hago en vida es sufrir, ¿Por qué tener que aguantar ese dolor en mi corazón?
Mientras, muchos recuerdos venían a su mente, (broncas con la familia, amigos, novios, rollos…) no podía parar de llorar. Estaba echada en su cama, tapada hasta arriba y con el brazo por debajo de la almohada; la agarraba con fuerza, era lo único que podía abrazar, estaba sola y lo sabía, y eso aún le hacia sentir más triste.
Sus amigos le decían que no era para ponerse así, ya que ella solo les había contado que estaba triste porque su “amigo”, con derecho a roce, la había dejado, después de un año y pico haber jugado con ella. Ella sabía y se repetía una y mil veces que esto se tenía que acabar, no podía aguantar tanto dolor en su corazón, parecía como si se lo apretasen, y no pudiera respirar. Esa sensación no le gustaba nada, y se repetía, por culpa de ese chico, demasiadas veces.
-Esto se acabo, no pienso llorar más por ese idiota, si quiere estar con su querida novia la cual le pone los cuernos, todo para él. Yo soy mucho más guapa y más inteligente que ella.
Si… eso se decía a si misma, y también sus amigos, pero sabia que no era así, sabía que la que estaba con él era ella, por lo tanto a quien él quería sería a su novia la cornuda, (si, él le había puesto durante un año los cuernos con Ella). Pero eso no era suficiente. Pensó que, después de todo lo que habían pasado juntos, de todo lo que le había contado, iba a cambiar…
-Fijo que la deja, o al menos eso me dio a entender, si no, ¿Por qué tanto llamarme? ¿Por qué quiere besarme? Aunque la verdad…
La verdad, ¿cuál era la verdad? Era esa a la que tanto temía, la que aun habiendo hablado con él, no se atrevió a preguntarle.
-La verdad es que solo quería follarme…
Esa era la verdad, y aunque ella no era nada del otro mundo, no sabía por qué, pero lo único que veían en ella los tíos, era sexo. Nunca había tenido una relación que durase más de un mes. Y esas relaciones para ella, no habían significado nada. Se sentía como si estuviese en un cine, viendo una película mala, en la cual la protagonista era una estúpida niña, que se enamoraba demasiado rápido, y de tíos que solo querían pasar un rato con ella mientras se follaban a su amiga.
Miró la hora de su móvil…
-Puff… Son las cuatro de la mañana… Me duelen los ojos… Y encima, después de haberme fumado uno, y a tal velocidad, estoy mareada, me da vueltas la cabeza y tengo ganas de vomitar… Puff… Tengo que dormir…
Se puso boca arriba y el brazo sobre la frente que estaba muy frío en comparación con su frente, que ardía de calor.
Después de seguir pensando un poco más, sobre todo otra vez, logró dormirse.
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