jueves, 3 de mayo de 2012

~ La primera vez ~

                                                                                            Sábado 13 de Marzo de 1999





-Hoy he hablado con Carlos, y voy a quedar con él por la tarde. Quedamos en mi piso, así que supongo que veremos una peli y después fijo que querrá tal… Pero bueno… Con él la verdad, que si quiero hacerlo…

Carlos era un chico al que había conocido en los carnavales de su pueblo, Hacía escasamente un mes. Y si, como podréis haber visto, ya lo había hecho con él. Pero no la juzguéis tan pronto. Era el primer tío con el que lo hacia, después de su ex. Y eso había sido hacía tres años. ¿Tres años? Te preguntarás. Si, pero había un motivo.
La primera vez que ella lo había echo, lo había pasado muy mal. Su supuesto novio, que además solo veía de muy de vez en cuando porque él vivía en otra provincia, y solo se veían en las vacaciones de verano y Semana Santa; sabía que ella solo iba hacerlo con él, si sabía que la quería, ella era lo único que pedía, un poco de amor, y que como era su primera vez, que pudiera recordarlo siempre, porque hubiese sido especial… Especial no habría sido, pero recordarlo, recordará ese día como si hubiese sido ayer…
Habían quedado en su casa, junto con unos amigos de él, que además, estaban en la habitación de al lado. Eso ya no le gustó mucho…
Ella estaba súper nerviosa, tanto que no se podía ni mover. Ella solo se dejaba hacer… Y eso a él no le motivaba demasiado. Tan poco le motivaba, que se puso de morros…Ella tímida y temerosa, porque vaticinaba su respuesta, le pregunto:
-¿Ya has estado con más vírgenes?
-Sí.
-¿Eran más lanzadas que yo?
-Sí.
Pocos minutos más tarde, viendo que él se había dado la vuelta…
-¿Por qué resoplas? ¿Qué te estas estresando?
-Sí. (Le dijo secamente, sin mirarla a los ojos)
Pero ese sí, tenía mucho más significado que cualquier otro sí. Su tono, su cara de desprecio… Ella se dio la vuelta muy triste y le empezaron a caer las lágrimas.

-Toc, toc. ¿Se puede? Enrique, vete a buscar a Manu a la estación, que acaba de llegar.
-Vale ya voy.
Mientras se vestía, él hablaba con ella sin mirarla, y sin preguntarle nada.
-Voy a buscar a Manu a la estación.
-Te espero aquí. ¿Vale? Cuando llegues vienes conmigo que voy a ponerme los auriculares para escuchar un poco música.
-Vale. Hasta ahora.
Ella cogió su mp4 y se puso los auriculares. Siempre tenía la música con ella. No podía dejar de escucharla. Para ella no escuchar música a lo largo del día, era lo mismo que para un fumador, no poder echar el cigarro de “después”. Además, se le daba bien la música, llevaba unos cuantos años tocando el saxo. Y además tenía otros muchos instrumentos que su padre le había comprado. Ser músico venia de familia. El ritmo corría por sus venas.

Al cabo de quince minutos apareció por la puerta, muy enfadado.
-¿No me escuchas, o qué?
Ve que ella se quita un casco.
-Claro ya estas con los putos auriculares otra vez, ¿no? Hace un rato que te llevo llamando. Vístete, y vente con todos para la salita que estamos jugando al monopoly.
Cogió, y cerró la puerta sin mirarla. Tras de si, ella se incorporaba, mientras las lágrimas resbalaban por sus sonrojadas mejillas.
Más tarde, salieron a dar una vuelta. Ella intentaba ponerse a su lado, pero él hacía caso omiso a que estaba allí, y seguía hablando con su amigo Manu. Pero sus otros amigos, la llamaron para que fuese con ellos.

-Los acabo de conocer, y son mas buenos ellos conmigo que mi novio...

Al día siguiente, fueron a los recreativos, ella llevo a dos amigas, y él a su amigo Manu. Todo fue mas o menos bien… Solo hubo un detalle que no le gustó nada, y era que una de sus amigas, no paraba de dejarla en ridículo, quedándose con ella y dándole la razón a Enrique…Ella se llamaba Margot, y no había otra cosa más que le gustase, que hacerla quedar siempre en ridículo, y si era delante de tíos, aún más. Lo que Ella tenía, pero no Margot, era inteligencia. Pero eso a Margot no le importaba. Lo único que miraba ella era su físico, más exactamente su culo y sus tetas, las cuales aún teniendo una 95, se ponía relleno, y siempre las llevaba tan altas y destapadas, que asustarían al mismísimo Cuagmire. Se podría decir, que rozaba los límites de la estupidez. Pero un día se confirmó que ya no la rozaba. Todo lo que Margot tenía y decía, era lo mejor, no soportaba que ninguna se creyese mejor que Ella, ni que no le prestasen la suficiente atención, ella tenía que ser el centro del mundo. Tenía una amiga, la cual había estado muy enferma, y todos le preguntaban qué tal estaba y se preocupaban de ella. Eso a Margot no le gustaba, y un día, de buenas a primeras, se le ocurrió una idea…

-Margot, hija, llevas unos días muy rara, y estas comiendo demasiado. ¿Te ocurre algo?

Margot posó la cuchara, miró a su madre muy seria y dijo.
-Mamá, quiero tener principios de bulimia.

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